miércoles, 15 de abril de 2020

ARTE ESPAÑOL: "Con el gran aporte de estas civilizaciones europeas, nos brinda una idea de cómo se fueron forjando, al igual que su habilidad en la metalurgia y otras disciplinas artísticas, los pueblos celtas e ibéricos para cimentar las bases de la península ibérica actual".



EL ARTE ESPAÑOL: LOS PUEBLOS CELTAS E IBÉRICOS

L
os romanos, al llegar a la península ibérica, encontraron asentamientos humanos carentes de una unidad cultural. Pronto se percataron de que en dichos individuos existían diferencias tanto raciales, como lingüísticas y de costumbres. No obstante, lograron identificarlos bajo dos grupos importantes: los celtas y los iberos.

Para comprender lo anterior, es necesario resaltar que hace dos mil años, la península ibérica fue capaz de crear un arte propio. Sería esta aptitud artística, aunada a la localización geográfica de estos dos grupos, lo que permitió a los romanos su diferenciación.

El pueblo ibérico radicaba en el sur y en el Levante, en la costa mediterránea. Los celtas, por su parte, se ubicaban en la Meseta Castellana y en el occidente atlántico.

Los pueblos célticos, procedentes de los bosques de Europa Central, tenían una naturaleza diferente. Invadieron la península en pueblos diversos y poseían costumbres similares. Con una gran religiosidad, eran pueblos soñadores y con gran imaginación, por lo que su arte se desarrollaba, principalmente, en la línea de la abstracción, geometrismo y un gran simbolismo importante, siendo éste, uno muy rico.

La escultura tuvo mayor desarrollo en los pueblos ibéricos que en los célticos. Los antecedentes de esta técnica se encuentran en la primera Edad del Hierro con la creación de figuras de barro.

Los pueblos célticos se inclinaron por la escultura zoomorfa, influidos por la técnica andaluza, a partir del siglo III; destacándose la creación de toros y verracos, labrados en grandes rocas de granito de la región, resaltando su simbolismo apotropaico, como mecanismo de defensa ante energías negativas sobrenaturales.

La cerámica celta es considerada perfecta, debido a su gran ornamentación y decoración, predominando barros oscuros de mucha elegancia. Otro campo en donde se desarrolló el ingenio de estos pueblos, fue en la industria metalúrgica, alcanzando un gran desarrollo.

Siendo éstos, pueblos guerreros, la forja del hierro fue fundamental. Debido a las constantes conflagraciones, la fabricación de armamento era constante: espadas, lanzas, escudos, cascos, eran algunas de las piezas más comunes. Los primeros indicios de embutición metálica tuvieron lugar, así como los procesos de nielado de cobre, plata y oro para la decoración de puñales, vainas y espadas.

La orfebrería tampoco fue ajena a la cultura de las antiguas civilizaciones ibéricas, misma que tiene sus orígenes desde el final de la Edad de Bronce en la zona atlántica. Brazaletes y pendientes fueron los objetos más representativos hasta la época romana imperial.

Por el contrario, en la zona oeste y noroeste, destacaron las joyas rígidas, como anillos, torques y pulseras, con una decoración geométrica de gran elegancia. Debido a la gran riqueza de la orfebrería, dio un parámetro a los romanos para que, durante sus intervenciones en la península ibérica, pudieran aprovecharse de cantidades significativas de oro y plata.

Con el gran aporte de estas civilizaciones europeas, nos brinda una idea de cómo se fueron forjando, al igual que su habilidad en la metalurgia y otras disciplinas artísticas, los pueblos celtas e ibéricos para cimentar las bases de la península ibérica actual.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).