miércoles, 15 de julio de 2020

JOAN MIRÓ: "Tanto el estilo de escultura como el de su pintura, está basado en la simplicidad, llevado de la mano de un toque de fantasía. Pudieran tratarse de conceptos totalmente opuestos, pero en la obra de Miró, fluyen de manera natural dentro del ámbito surrealista".


JOAN MIRÓ: EL ESCULTOR 

L

a faceta artística de Joan Miró va más allá de la pintura. Como escultor, también hizo gala de su talento, para lograr ser un referente dentro de los artistas europeos del siglo pasado. Su versatilidad lo llevó a implementar distintas técnicas, las cuales supo aprovechar, quedando plasmadas en sus obras. Todo un sello de identidad del pintor, escultor, grabador y ceramista español. 

La escultura, en la vida de Miró, fue tan importante, a tal grado de interesarse desde sus años de juventud. Sería hasta la tercera década del siglo pasado, cuando se preocupó por encontrar innovadores procesos, los que le llevaron a experimentar con collages, para después hacer algunos trabajos en relieve y montajes —con mucha imaginación y paradoja—, bajo una clara influencia dadaísta y surrealista; utilizando materiales como el fibrocemento y el cobre. 

Sus primeros trabajos llegaron junto con un cuestionamiento personal sobre su propia pintura, donde el valor de ésta, fue puesta en duda por una crisis constructiva del propio autor, al considerar que su trabajo como pintor no representaba algo nuevo, orillándolo a seguir buscando algo novedoso, llevándolo hacia una nueva etapa como artista. 

A lo largo de su vida, el dominio anti artístico de los dadaístas estuvo presente, donde reflejó, de forma directa, simbologías y motivos de otras culturas, como lo fueron la latinoamericana e india. Sus figuras muestran una combinación de las realidades, donde el ser humano, los animales y los vegetales, se conjuntan, creando una naturaleza alterna a la propia vida. 

Tanto el estilo de escultura como el de su pintura, está basado en la simplicidad, llevado de la mano de un toque de fantasía. Pudieran tratarse de conceptos totalmente opuestos, pero en la obra de Miró, fluyen de manera natural dentro del ámbito surrealista, soportados por su proceso imaginativo, el cual posee un lenguaje gestual, abstracto y narrativo; siendo todo, en conjunto, una transformación de lo imaginable. 

Ya en los años cuarenta, incursionó en el uso del bronce. De forma sucesiva, esto siguió dándose por varios años más, dando vuelo a su creatividad, manteniendo siempre la textura del material, tal cual sale del proceso de fundición, conservando la superficie sin un tratado de pulido. Con esto, pretendía realzar la originalidad, pero en algunos casos, llegó a incrustarles algunas herramientas utilizadas en la propia fabricación. 

Sería en la década de 1970, cuando Joan Miró empezaría a trabajar en esculturas de gran tamaño y volumen. El proceso de su obra siguió el mismo patrón hasta antes empleado; con la única diferencia, de que tenía que usar moldes de yeso, sabiendo aprovechar esto último, para añadir inscripciones y magnificar sus diseños. Se dice que el mensaje de las esculturas gigantes representa una vuelta a la naturaleza, porque progresivamente se vuelven más efímeras, transmitiendo que todo es transitorio. 

En general, la sorpresa fue uno de los elementos principales en la obra de Miró, bajo la idea de alcanzar el máximo de intensidad, a cambio del mínimo de medios, algo que se reflejó siempre en su simplificación. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).