jueves, 30 de enero de 2020

ALDOUS HUXLEY: "Tuvo la fortuna de experimentar por carne propia, lo que para él fuera una auténtica transfiguración. ¿El objetivo? Tratar de comprender la percepción del mundo que otras personas pudieran tener; sea porque son adictas a sustancia alguna, o por carecer por propia naturaleza, de sus facultades mentales".

"Extracción de la Piedra de la Locura" (Pieter Huys, 1561)

ALDOUS HUXLEY: UN MUNDO MÁS ALLÁ DE ESTA REALIDAD

“¡Oh tú, de alta cuna, no permitas
que tu mente se perturbe.”
(Libro Tibetano de los Muertos)

E
l reconocido escritor y filósofo británico, Aldous Huxley, tuvo la fortuna de experimentar por carne propia, lo que para él fuera una auténtica transfiguración, literalmente hablando. Quienes alguna vez hemos escuchado sobre él, lo recordamos por su famosa obra “Un Mundo Feliz”, en donde a manera de historia ficticia, deja entrever, los peligros de un futuro mal manejo de las nuevas tecnologías por parte de los seres humanos.

El siglo XX fue una etapa revolucionaria en todos los aspectos, y no es de extrañarse que, dado el materialismo reinante de la época, personajes como Huxley se vieran interesados en áreas tales como el misticismo y la parapsicología. De acuerdo con palabras de éste, en la primavera de 1953, aceptó ser parte de una investigación como sujeto de prueba, consumiendo una dosis de mescalina. ¿El objetivo? Tratar de comprender la percepción del mundo que otras personas pudieran tener; sea porque son adictas a sustancia alguna, o por carecer por propia naturaleza, de sus facultades mentales.

Huxley relata una vivencia única bajo los efectos de este alucinógeno, cuya actuar a nivel biológico, reduce la cantidad de azúcar al cerebro. Ante la proliferación de acentuados matices y la agudeza perceptiva en la que se vio inmerso, a causa de la mescalina, el filósofo nos plantea la idea de la existencia de algo que él llamó: “Inteligencia Libre”. Según este concepto, el ser humano es y posee netamente Inteligencia Libre; de modo que, en cualquier instante, podría recordar y percibir lo que en todos lados ocurriera. No obstante, la evolución —ante una carga tan pesada que supondría, para el hombre, el exceso de información—, diseñó una válvula reductora que estaría supervisada por el cerebro y el sistema nervioso. Fue durante su trance a causa de la mescalina, cuando pudo romper, al menos en palabras de él, una parte de la barrera impuesta por dicha válvula.

“Este mundo”, como es conocido por las religiones, es el resultado de la actividad de la ya mencionada válvula, la cual, tan sólo nos permite vislumbrar una limitada realidad; obligando al hombre a conocer, parcialmente, el Universo. La filosofía, los símbolos y la religión son atisbos, de cuando el hombre se ha percatado de que, efectivamente, hay algo más allá de este plano en el que diariamente nos movemos: algo trascendental.

Sin embargo, el filósofo admite que existen personas dotadas de habilidades superiores, que antaño y en el presente, han sido capaces de penetrar en esta otra realidad; y que, en muchas ocasiones, su experiencia ha desembocado en la fundación de las religiones. En lo que a esto se refiere, Huxley hace una reflexión.

La mayor parte de las veces, mas no siempre, como aclara, las religiones se han inclinado a cerrar los ojos y mirar hacia adentro. En palabras más claras: han visto como noble únicamente lo interior, minimizando el plano objetivo o material. ¿El motivo? En el mundo interior hay tranquilidad y monotonía; en cambio, en el mundo exterior, es en donde a diario debemos idear estrategias de cómo desenvolvernos, de cómo comportarnos: lograr sobrevivir. Y a ejemplo de lo anterior, citaba la frase de Lallemant: “Nada nos debe asombrar en la Naturaleza, con la única excepción de la Encarnación de Cristo”.

Tomando en consideración lo ya mencionado, Huxley prosigue con un análisis, sobre lo que para él sería el origen de la esquizofrenia. Una condición de un alma enferma. Compara al paciente como una persona que suele estar siempre bajo la influencia de la mescalina, buscando escapar de la realidad porque se siente incompatible con ella. Al momento, recordó el Libro Tibetano de los Muertos, en donde se habla, de cómo el alma del difunto —al encontrarse con la Clara Luz del Vacío—, busca rehuir a toda costa de ella, aunque eso implicara sumergirse en la oscuridad; resultado de la incompatibilidad del egoísmo humano y la pureza de la divinidad.

Es entonces, cuando Huxley dice que, quizás si los psiquiatras hicieran lo que los monjes tibetanos practicaban con los moribundos y los muertos, guiándolos con su voz para darles confianza en la Luz, así los psiquiatras, aseguraran y dieran familiaridad constante e incansablemente a los enfermos sobre la realidad, y pudiendo, posiblemente, ayudarles a conquistar un poco de dominio sobre el Universo. Esto nos recuerda al planteamiento de Sócrates, quien decía que el filósofo debe ser quien ayude a curar el alma, así como el médico al cuerpo.

Aldous Huxley, evidentemente, nos dejó como herencia una gran aportación en el plano intelectual, que bien merece ser estudiada de una manera más profunda. Y para concluir este artículo, no podemos negar que existen cosas, todavía hoy, incomprensibles para nosotros. Lo importante es estar conscientes de ello, y procurar siempre, guiarnos por el buen camino y siendo dueños de nosotros mismos. ¿Y cómo lo lograremos? Aprendiendo, esforzándonos y siendo siempre humildes.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).