lunes, 23 de marzo de 2020

HELADO: "Antes de que el hombre dominara la fabricación y la conservación del hielo, estaba obligado a acudir a lo alto de las montañas para su obtención. Nerón, Alejandro Magno, Marco Polo e Hipócrates fueron algunos de sus admiradores. Ha llegado a ser tan convencional que en todos lados podemos saborearlos".



EL HELADO: DULCE HERENCIA HISTÓRICA

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ingún tipo de relevancia puede que nos represente este delicioso postre. Ha llegado a ser tan convencional que prácticamente en todos lados podemos saborearlos, en distintos tamaños, estilos y sabores. Infinidad de marcas lo comercializan actualmente. Cada una de ellas imprimiéndole su sello característico.

Antes de que el hombre dominara la técnica de la fabricación y la conservación del hielo, estaba obligado a acudir a lo alto de las montañas de las zonas frías para su obtención. La recolección era propicia, claro está, durante la temporada invernal. Algunas civilizaciones solían hacer el envío de los esclavos para cumplir el cometido.

Existe debate en torno a cuál de las culturas es a la que le debemos las gracias por la invención de este postre. Pues se tienen indicios de él desde varios siglos antes de nuestra era. Los chinos habrían de haber ideado una técnica para la conservación de productos frescos azucarados, que no se limitaba sólo al uso con aguas frutales, sino tiempo después, a la utilización de la leche, néctares y miel con procesos más sofisticados, tras descubrir las bondades de la sal para la conservación del hielo.

Se cuenta que todo habría de iniciar en las capas más bajas de la sociedad. Los chinos mandaban hombres a las montañas para conseguir hielo, con el cual darían de beber a los trabajadores de la muralla. En algún momento estos hombres enviados —a la hora de disponerse a pasar la noche, ya de vuelta—, comenzaron a dejar sus infusiones de hierbas, que llevaban consigo, en los contenedores que almacenaban las piezas de hielo recogidas. De modo que, a la mañana siguiente al reanudar el viaje de regreso a la ciudad, tenían un producto sólido, el cual luego agregaban a un recipiente con leche para consumirlo.

Por otro lado, los persas son reconocidos por ser los creadores de los primeros enfriadores naturales de la historia. Según se sabe, estas construcciones eran subterráneas para evitar lo menos posible el contacto del hielo con el exterior y con el sol, asemejándose más a un tipo de pozo, sólo que frío. Se les llamaba “Yajchal” y la cubierta protectora de la superficie tenía forma de cúpula.

En Europa, los griegos y romanos gustaban de disfrutar productos a base de nieve, mezclado con frutas y leche. Algo muy popular dentro del ejército. Entre las figuras de distintas épocas que pueden citarse, encontramos a Alejandro Magno, Nerón, Marco Polo y a Hipócrates como algunos de sus admiradores. Éste último veía en los congelados un beneficio para la salud.

En tiempos más recientes, a mediados del siglo XVII, el monarca Luis XIV sería otro de los aficionados a esta delicia. Por aquellos años, vivía en Francia un hombre llamado Francesco Procopio dei Coltelli, mejor conocido en la época como “Le Procope”; al cual se le adjudica la invención de la primera crema helada más parecida a como hoy la conocemos y por lo que, actualmente, se le ha otorgado el título de “el padre del helado”.

Dei Coltelli, a su vez, es reconocido por haber sido el propietario del primer establecimiento de venta de helados en París, al que llamó Café Procope”, lugar histórico y punto de reunión de importantes eruditos de aquellos años, y que a la fecha sus puertas continúan abiertas.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).