miércoles, 3 de junio de 2020

UNIFICACIÓN ALEMANA: "La búsqueda de un Estado Federal y la promulgación de leyes constitucionales, dieron lugar a la elección de un Emperador. Federico Guillermo IV declinó la oferta de los asambleístas, argumentando no querer ser elegido por el pueblo alemán".

"Monumento Nacional a Bismarck"; Berlín, Alemania.

LA UNIFICACIÓN ALEMANA: EL RESULTADO DEL CONFLICTO 

S

ería en el año de 1848, cuando el pueblo alemán decidiera levantarse en armas para conquistar la soberanía y la unidad nacional. Estudiantes, artesanos y clase trabajadora en general, acudieron a las armas para protestar y luchar en contra del gobierno imperante, a fin de restaurar —de acuerdo con su sentir colectivo— los derechos violentados. 

Según una litografía de la época, en un intento por plasmar los hechos, el 18 de marzo de ese año tuvo lugar la lucha de barricadas en Berlín. Un episodio devastador como cualquier conflicto bélico. El objetivo de la contienda era la creación de una Constitución de índole democrática, para lo cual, el 18 de mayo de 1848, la Asamblea Nacional se reunió en Paulskirche (Iglesia de San Pablo) para establecer la formulación de dicho documento. 

La búsqueda de un Estado Federal, así como la promulgación de una serie de leyes constitucionales dieron lugar a la elección de un Emperador, acudiendo para ello al rey Federico Guillermo IV de Prusia. No obstante, el aristócrata declinó la oferta de los diputados asambleístas, argumentando no querer ser elegido por el pueblo alemán; según consta en la carta dirigida a Christian Karl Josias von Bunsen, Ministro Plenipotenciario de Prusia en Londres, del mes de diciembre de 1848: 

“La corona que podría ser aceptada por un Hohenzollern —si las circunstancias lo permitieran—, no sería una corona fabricada por una Asamblea surgida de la Revolución, sino una que llevara el sello de Dios. La corona de los Otones, los Hohenstaufen, los Habsburgo, puede —naturalmente— ser llevada por un Hohenzollern. Le honraría infinitamente con su esplendor milenario. Pero la corona a la que usted, por desgracia se refiere, deshonra hasta un punto inconmensurable con su repugnante olor a la Revolución de 1848: la más insensata, estúpida y peor; aunque, gracias a Dios, no la más perversa del siglo. 

¿Y una tal diadema imaginaria de lodo y suciedad habría de aceptarla un rey que lo es por la gracia de Dios? No. Y mucho menos el de Prusia, a quien le cabe el honor de llevar una corona que, si no la más antigua, sí es la más noble que existe y que no ha sido robada a nadie”. 

La sublevación del pueblo fue finalmente contenida por los ejércitos de los reyes alemanes. Las monarquías finalmente vencieron, procediéndose a la unificación de los Estados bajo la hegemonía de Prusia. En 1866, en un lapso de cinco horas, Otto von Bismarck instituyó la Confederación de la Alemania del Norte, estableciendo una Constitución que reconocía al rey de Prusia como su Presidente, a la vez que se concedía a los diputados del Reichstag (Parlamento) el derecho al sufragio universal. Dicha Confederación se convertiría en la base de la Constitución del Imperio hasta el año de 1918. 

En el año de 1862, el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Asuntos Exteriores, Otto von Bismarck, expresó: “No es en el Liberalismo de Prusia donde Alemania tiene puestos sus ojos, sino en el poder prusiano. Las grandes interrogantes del tiempo no se deciden mediante discursos y resoluciones de la mayoría —éste fue el gran error de 1848—, sino por medio de una lucha inevitable, que sólo puede ser llevada a término a sangre y fuego”. 

Lo que Bismarck planteaba en sus palabras era la problemática que suponía la entonces rivalidad existente entre Prusia y Austria, la cual solucionó en 1866 unificando a Alemania bajo el control prusiano.  Pocos años después, el 18 de enero de 1871, en el Palacio de Versalles fue reconocido como Kaiser, Guillermo I, Emperador del Segundo Imperio Alemán. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).