miércoles, 29 de enero de 2020

EL PERRO PRIETO: "El día de hoy, les contaremos sobre una leyenda, que tal vez no sea conocida en la mayor parte de nuestro país, pero que en la costa veracruzana, es ampliamente mencionada. Algo raro pasaba con ese animal, al que algunos, llegaron a referirse como un ser venido desde el mismo infierno".



EL PERRO PRIETO: EL TORMENTO DE ALVARADO

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entro de la muy interesante cultura veracruzana, podemos encontrar un gran número de mitos y leyendas, que al ser leídas o escuchar su narración, demuestran la gran capacidad de un Estado, de mantener dentro de su acervo, historias que datan de muchos años atrás y, que a la fecha, se mantienen vivas dentro de la población local y apreciadas por los visitantes y estudiosos de la cultura nacional.

            El día de hoy, les contaremos sobre una leyenda, que tal vez no sea conocida en la mayor parte de nuestro país, pero que en la costa veracruzana, específicamente en el Puerto de Alvarado, la historia del “perro prieto”, es ampliamente mencionada.

Como bien les mencioné anteriormente, esta historia se centra en una localidad de la costa, donde se dice que existió un hombre, de aspecto descuidado, violento y bravucón; quien disfrutaba de sembrar el miedo en los habitantes del Puerto. Dicen que gustaba de molestar y faltar al respeto, principalmente a las mujeres, más que a los hombres; además de irrumpir en los domicilios, de donde aprovechaba para robar alimento y pertenencias de los moradores.

            La identidad del individuo era desconocida. Por su aspecto, llegaron a considerarlo como un extraño vagabundo, que quizás provenía de algún poblado cercano. Al principio, la gente sintió algo de compasión por este personaje, por lo que le brindaban comida o, en su defecto, algún tipo de ayuda. Todo con tal de ayudar a un semejante que, al parecer, había caído en la desgracia.

            Pero, para la sorpresa de todos, la actitud del vagabundo fue cambiando con el paso de los días, hasta convertirse en un desalmado delincuente, que disfrutaba de perjudicar a los que, en un principio, le ayudaron y que ahora gozaba y disfrutaba con hacerles el mal, robándoles y atacándoles, sin el menor remordimiento.

            Un día, el pueblo entero decidió poner un alto a tan lamentable situación, por lo que, tomando mucho valor, decidieron expulsar por la fuerza al forastero; quien vociferaba maldiciones hacia los pobladores, jurando volver para vengarse de todos los habitantes de Alvarado.

            La calma volvió de nueva cuenta a la villa. No se sabe cuánto tiempo pasó desde ese día, hasta que una mañana, de la nada, un gran perro negro apareció en la localidad. Con un aspecto atípico y de una raza que no se parecía en nada a las conocidas: grande, descuidado, de carácter agresivo, ojos brillantes, dientes y colmillos afilados, aparte de ser muy feo, independientemente de que no ladraba. Sólo gruñía de una forma horrenda y amenazadora. Siempre al acecho de cualquier persona o animal que pasara junto a él.

            Algo raro pasaba con ese animal, al que algunos, llegaron a referirse como un ser venido desde el mismo infierno. No pasó mucho tiempo para que el gran “perro prieto” empezara a intimidar a la gente. La historia cuenta, que sus primeras víctimas fueron una señora y su hijo, quienes, al ir de regreso hacia su casa tras comprar en el mercado, fueron interceptados por el animal, bloqueándoles el paso. Por lo que el hijo de la dama le ofreció al perro, un trozo de pan; pero antes de que el joven pudiera dárselo, el perro, con una gran mordida, le arrebató el pan y, de paso, hirió la mano al muchacho y huyó del lugar.

Mucha gente fue lastimada por el can infernal. Heridas en diferentes partes del cuerpo, fueron los testimonios de las embestidas. Arremetía de día y de noche, su agresividad no pasaba desapercibida y sus ataques se intensificaban cada vez más. Invadía las viviendas, destrozaba lo que podía, robaba comida y perseguía a los residentes, principalmente a las mujeres.

Los días transcurrían, sin que nadie pudiera hacer algo al respecto. El temor se había convertido en algo normal, hasta que un día todo cambió. Después de mucho batallar, despreciar y odiar al “mejor amigo del hombre”; surgió un varón, harto del comportamiento del animal, decidió enfrentarlo, bajo conocimiento del gran peligro que corría al hacerlo.

Lo increpó, armado únicamente con una vara gruesa. La pelea dio inicio, y para fortuna del hombre, no resultó herido; pero los golpes asestados al perro fueron certeros, hasta que quedó inmóvil, tirado en la calle. La gente, poco a poco, se acercó para felicitar al valiente por haber eliminado al tormento de Alvarado, agradeciéndole la buena acción realizada.

Creyéndolo muerto, inerte, se llevaron una gran sorpresa, al ver al enorme animal, levantarse en sus patas traseras. El asombro fue mayor, al ver a la bestia cómo se arrancaba la piel de la cabeza, tal como si fuese un disfraz. Lo que vieron los dejó sin palabras, ya que reconocieron a aquel hombre, que tiempo atrás los hostigaba con su mal proceder; quien, al verse rodeado, echó a correr, quitándose el resto de la piel de perro que le quedaba en el cuerpo, mientras huía despavorido.

En ese momento, notaron la similitud en las acciones del vagabundo y del perro prieto, que prácticamente coincidían en todo; por lo que, para muchos, ya había despertado alguna sospecha. Finalmente, los alvaradeños se libraron de su amenaza, y hasta el día de hoy, jamás se le ha vuelto a ver.

Y así termina esta leyenda, que forma parte de la tierra de mi padre: Alvarado, Veracruz.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).