viernes, 24 de abril de 2020

EL ESPEJO: "En la antigüedad, algunos pueblos pensaban que no era conveniente dormir junto a los espejos, no sin antes haberlos cubierto o dado vuelta; ya que, por su conexión con lo sobrenatural, podían ser capaces de disociar el alma y hacerla cruzar a otro plano; o incluso, atraer espíritus de otras dimensiones".



EL ESPEJO: EL OTRO YO

D
esde la antigüedad, el espejo ha sido un artefacto dotado de superstición y misterio. Esta concepción nace de su capacidad de ‘duplicar’ e invertir la realidad del mundo visible, lo que lo ha colocado como un elemento constante dentro del misticismo, las creencias y la magia.

Ello permitió que fuera asociado con lo sagrado y con lo sobrenatural. Hablando de Mesoamérica, los espejos de obsidiana eran accesibles únicamente para los privilegiados, quienes tenían derecho a ver su reflejo. La cristalomancia es la habilidad que posee una persona, conocida como vidente, de visualizar —a través de los reflejos en una bola de cristal— lo que el futuro depara para el solicitante.

El espejo, a su vez, es símbolo de la verdad, de inteligencia y claridad, semejante a la cristalinidad que representa el agua como signo de pureza. De allí, que seres míticos como los vampiros, sean incapaces de reflejarse en ellos, debido a su ausencia de alma y por la maldición que arrastran para la eternidad. A su vez, el espejo ha sido sinónimo de vanidad, como bien lo expresa el Conde Drácula al recriminar a Jonathan Harker cuando éste se miraba en uno.

Otras de las atribuciones que se le han achacado, es el de ser un portal hacia otras dimensiones, así como portador del conocimiento y de la sabiduría. En la Antigua Grecia, filósofos como Sócrates, Séneca y Platón lo veían como un objeto útil para autoconocernos.

En la antigüedad, algunos pueblos pensaban que no era conveniente dormir junto a los espejos, no sin antes haberlos cubierto o dado vuelta; ya que, por su conexión con lo sobrenatural, podían ser capaces de disociar el alma y hacerla cruzar a otro plano; o incluso, atraer espíritus de otras dimensiones. Durante la Época Victoriana —en Inglaterra—, en los funerales se les debía cubrir, para evitar que el alma del difunto quedara atrapada en ellos. No sólo era exclusivo de los británicos, también otras culturas coincidían en la misma idea.

En la Europa del siglo XVII se hizo costumbre el uso de diminutos espejos, colocados principalmente, en los sombreros como protección frente al mal de ojo, considerándolos más como objetos apotropaicos que como accesorios, tanto en hombres y mujeres.

En el México Prehispánico, los toltecas concebían al espejo como una metáfora del ser humano que ha alcanzado la sabiduría —a imagen de la divinidad—, y al que conocían bajo el nombre de “hombre espejo”; el cual, había sido capaz de perforarlo trascendiendo de este plano terrenal a uno superior; y en quien los demás serían capaces de ver sus propios rostros transformados, reflejados a través de él, como símbolo de virtud.

Por otro lado, existe la superstición de que, al romper un espejo, el infortunado se hará acreedor a siete años de mala suerte. Esto fue herencia de los antiguos romanos, quienes veían en estos objetos un atributo místico vinculado a la salud y bienestar de la persona, el cual, al ser destruido, representaba la rotura de su imagen misma.

Dentro de la Psicología, se le conoce como eisoptrofobia o catoptrofobia al miedo irracional a los espejos y a su reflejo, que algunos pacientes demuestran al estar próximos a ellos.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).