sábado, 25 de abril de 2020

ENRIQUE IV: "Promulgó el controversial Edicto de Nantes, en el cual se autorizaba la libertad de conciencia y de culto. Este acto, a la vez de su tolerancia hacia el ala protestante, sentó las bases que condujeron a su asesinato en 1610 a manos de Françoise Ravaillac".

"Asesinato de Enrique IV, el magno rey de Francia", Gaspar Bouttats.

ENRIQUE IV: EL ABSOLUTISTA

A
l siglo XVII, los franceses han decidido conocerlo como el “siglo de Luis XIV” o “el gran siglo”, porque se trata de la época histórica en donde el auge del Absolutismo ocupó un significativo lugar. El gobierno del monarca Luis XIV —también célebre bajo el nombre de “El Rey Sol”—, ha sido el más largo que la historia francesa ha experimentado, con un total de 72 años.

La Europa de aquellos años, veía en Francia a un país muy poderoso e influyente. Y no estaban equivocados. El Estado francés tenía plena confianza y orgullo en sí mismo, como para alardear de su potencial para impregnar al resto de Europa bajo su mentalidad. Sería en aquellos años, como muestra de ello, cuando saldría a la luz la obra titulada: “París, el modelo de las naciones extranjeras o la Europa francesa”.

Luis XIV es recordado por su rechazo a la llegada de extranjeros, pero no así, al envío de destacados ciudadanos hacia diferentes países europeos; todo fuera por el objetivo de difundir la cultura francesa.

Para comprender parte de la grandeza económica de este gran siglo —como fue llamado—, habría que retroceder un poco en los acontecimientos históricos. Es sabido, que las guerras de religión habían dejado a la Hacienda Real en condiciones terribles. Maximilien de Béthune, ministro de Enrique IV, jugó un papel determinante en la sanación de la economía estatal.

A su vez, la guerra había ocasionado no sólo estragos económicos, sino también políticos. La nobleza estaba dividida, encontrándose aquellos de tendencia católica con apegos absolutistas, y aquellos de tendencia protestante (los “hugonotes”). Enrique IV —primer soberano de la Casa de Borbón—, se inclinaría por una política absolutista, en donde progresivamente, las asambleas parlamentarias y los parlamentos regionales fueron teniendo menor fuerza.

Enrique IV promulgó el controversial Edicto de Nantes, en el cual se autorizaba la libertad de conciencia y de culto. Este acto, a la vez de su tolerancia hacia el ala protestante, sentó las bases que condujeron a su asesinato en 1610 a manos de Françoise Ravaillac.

Ravaillac, nacido en el seno de una humilde familia católica, había crecido en un ambiente sumamente difícil y de rencor a causa de las disputas religiosas. Los hugonotes (protestantes), se sabe que habían profanado iglesias y tumbas, así como ultrajado las pilas bautismales para usarlas como bebederos para sus animales. Esto, evidentemente, no podía sino causar resentimiento de parte de las familias católicas, quienes se sintieron defraudadas con la Corona al no sancionar estos abusos.

Durante varios episodios de su vida, Ravaillac afirmó que Dios se le había presentado en visiones, diciéndole que debía salvar a Francia de los herejes. La historia cuenta que, ante esto, se decidió a hablar urgentemente con Enrique IV, para convencerlo de que la política religiosa que estaba adoptando no era la mejor; pero el paso le fue negado en varias ocasiones por la guardia real.

Al verse impedido de entrevistarse con él, optó por asesinarlo, en un intento de cambiar el rumbo político y social de Francia. Y así lo hizo, asaltando a la carroza del rey y apuñalándolo un 14 de mayo de 1610. Se cuenta que en ningún momento buscó la manera de escapar, sino que aceptó su arresto, mismo que al poco tiempo lo conduciría a su sentencia de muerte.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).