martes, 25 de agosto de 2020

NIÑO CAMBIADO: "Un menor era inadvertidamente sustituido por una criatura del bosque. Los propósitos reales del rapto variaban, desde el aprecio hasta la esclavitud de la víctima. Los adultos solían estar atentos al cuidado de sus hijos, a fin de protegerlos del peligro que siempre los acechaba".

Fuente de la imagen: Pixabay.

NIÑO CAMBIADO: HIJOS DEL BOSQUE 

U

n tema recurrente dentro del folclor escandinavo —al igual que en otras culturas del mundo—es el alusivo a las criaturas que, se afirmaba, habitaban en los bosques y montañas. La creencia en seres guardianes de la naturaleza se mantuvo fuertemente arraigado durante siglos, sin posibilidad de dudar de su existencia. En torno a ellos surgiría un sinfín de relatos que intentaban brindar una explicación a determinadas situaciones que acontecían en la sociedad. 

Uno de estos fenómenos recurrentes era el denominado “niño cambiado”. Según esto, un menor era inadvertidamente sustituido, dentro de su familia, por una criatura del bosque. El usurpador guardaba, físicamente hablando, las características humanas, al grado de ser difícil de identificar su naturaleza. Estos seres eran hijos de criaturas del bosque, quienes osaban intercambiar a uno de su especie a cambio de un ser humano. 

Los propósitos reales del rapto variaban, desde el aprecio hasta la esclavitud de la víctima. Por esta razón, los adultos y, especialmente los matrimonios, solían estar atentos al cuidado de sus hijos, a fin de protegerlos del peligro que siempre los acechaba. Con la penetración del Cristianismo en las tierras nórdicas y escandinavas, comenzó a difundirse la urgencia de bautizar a los niños tras su nacimiento, pues de no hacerlo, era más susceptible a que fueran cambiados por las entidades demoníacas. 

Dentro de los muchos relatos alusivos, se decía que, en ocasiones, dichos seres tomaban tal determinación para que su hijo alcanzara la salvación de su alma, al ser bautizado por un matrimonio, pasando el resto de su vida bajo el aspecto de un ser humano. Claramente, tales historias fueron resultado del sincretismo religioso protagonizado en los territorios evangelizados. 

Las especies de criaturas que osaban raptar a los niños eran troles, elfos y xanas. Generalmente, eran los troles quienes solían ser señalados como entes malévolos inclinados al robo de personas, razón por la cual, todo aquel que decidía internarse al bosque lo hacía provisto de armas y bajo gran cautela. 

Solía darse el caso, de que los padres detectaran una anormalidad en el comportamiento del niño, sirviendo de ayuda para descubrir el engaño. De acuerdo con las narraciones, los padres tendrían a consideración dos opciones: continuar cuidando del infante o rechazarlo. 

En el caso del primero, la entidad (conservando el aspecto de un niño) seguiría siendo criada con el mismo respeto, cariño y cuidado de los adultos, habiendo la posibilidad de que los troles devolvieran al niño verdadero, al percatarse del gesto amable que pocas veces los humanos extendían hacia los de su especie. En el segundo caso, se cuenta que había padres que decidían maltratar y torturar al infante, a modo de presionar a las criaturas del bosque a devolver a su hijo verdadero. 

Aunque existen anécdotas que relatan la crueldad dirigida a menores por este motivo, se corría el riesgo de que los seres del bosque cobraran venganza, desquitándose de la misma forma con el niño humano. En lo que a estas creencias se refiere, se cree que fue la manera de explicar las deformaciones físicas y la zurdera en las personas, atribuyéndosele a un intercambio. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).