martes, 28 de abril de 2020

MAHOMA: "Con una vida de mercader, se convirtió en predicador y profeta, lo que le ocasionó persecución y malos tratos en su tierra. Se dio a la tarea de peregrinar hacia los lugares sagrados, en los alrededores de La Meca. Peregrinaje que quedó establecido y siendo practicado por todos los creyentes, hasta la fecha".



MAHOMA: EL PRECURSOR DEL ISLAM

E
n el siglo VII, la transformación de los pueblos árabes y sus regiones se dio gracias a Mahoma. De la vida de este personaje se sabe que fue huérfano y que nació en La Meca en el año 570, fue adoptado por su tío Abu Tálib, y a los veinticinco años se casó con una viuda rica de nombre Jadiya.

Con una vida de mercader, la cual dejó, se convirtió en predicador y profeta, lo que le ocasionó persecución y malos tratos en su tierra. Pasados los cincuenta y tres años y, hasta el día de su muerte —en Yazrib, hoy Medina, cuando contaba con sesenta y tres años—, se destacó como político, guerrero y organizador religioso.

El Islam se instituyó como un gobierno teocrático de la mano de Mahoma, durante los años iniciales de su estadía en Medina. Con una actitud decisiva luchó contra La Meca, peleó personalmente y cayó herido, venciendo posteriormente y siendo implacable con la resistencia. El resultado de esto fue establecer el Corán —el libro sagrado del Islam— en todo el territorio de Arabia. Esto, casi al final de su vida.

Durante la Hégira, que es como se le conoce a la migración de Mahoma de La Meca a Medina, se llevó a cabo el más importante de sus triunfos: la conquista de La Meca en el año 630, acompañado de un numeroso ejército de creyentes y aliados.

Posteriormente, el profeta se dio a la tarea de peregrinar hacia los lugares sagrados, en los alrededores de la ciudad de La Meca. Peregrinaje que, desde entonces, quedó establecido y siendo practicado por todos los creyentes hasta la fecha.

La expansión del Islam, después de la muerte de Mahoma, se llevó a cabo mediante la conquista de Mesopotamia, Persia, Siria y Egipto en manos de ejércitos árabes y beduinos (todos creyentes en su fe). Al respecto, un factor determinante, para que esto sucediera, tuvo que ver con la inestabilidad política y religiosa de las tierras conquistadas: Bizancio con su división interna, al igual que los persas; la relegación de los estratos sociales indígenas de Egipto y el hastío teológico de Siria, aunado al potente Nacionalismo Religioso de Arabia.

Sin embargo, había un porqué mucho más poderoso que, según los investigadores, favoreció aún más a la victoria de los seguidores de Mahoma, y que se propagó en los pueblos invadidos: la fe absoluta y sincera que no encontraban en el oriente cristiano y en Asia, siempre inmersos en discrepancias internas.

Mahoma murió sin dejar descendencia masculina, por lo que sus nietos, eran aún muy pequeños; y se duda que el profeta, en caso de haber tenido un hijo, hubiera decidido otorgarle la responsabilidad de sucederle.

El elegido para continuar el legado de Mahoma fue Abu Bakr, quien se convirtió en el primer califa del Islam, siendo dos años más joven que el profeta y con quien emprendiera el viaje —en el mismo camello— durante la Hégira. Bakr, al tomar la responsabilidad, pronunció lo siguiente: “Sepan los que adoran a Mahoma, que Mahoma ha muerto; pero los que adoran a Dios, saben que Dios vive y no puede morir”.

Con estas palabras, se descartaba el acto de adorar la tumba del profeta Mahoma; de quien la historia cuenta, él siempre rechazó y buscó evitar.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).