jueves, 7 de mayo de 2020

EL HIPOPÓTAMO: "La permanencia en el agua ha logrado que puedan alcanzar las grandes dimensiones y la forma redondeada de sus cuerpos. Adoptar costumbres anfibias, les favoreció para eludir a sus depredadores; además de favorecer al gigantismo".


EL HIPOPÓTAMO: EL ANFIBIO GIGANTE 

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n coloso de cuatro toneladas de peso, el cual sólo puede ser comparado con el elefante y con el rinoceronte, es uno de los animales terrestres más grandes que existe. A diferencia de las otras dos especies mencionadas, el hipopótamo pasa casi todo su tiempo dentro del agua, lo que lo convierte más en un animal acuático. 

Precisamente, la permanencia de estos seres en el agua ha logrado que puedan alcanzar las grandes dimensiones y la forma redondeada de sus cuerpos. Un punto muy importante para resaltar, es que la estancia en el agua les ayuda a regular la temperatura corporal, la cual es un inconveniente en animales de gran tamaño, cosa que sus competidores han logrado resolver de otras formas. Tal es el caso de los elefantes, que lo han hecho con el uso de sus grandes orejas; y los rinocerontes con los habituales baños en el barro, además de buscar la sombra de los árboles. 

Otro beneficio de permanecer en el agua es la de evitar soportar el gran peso, evadiendo, de alguna forma, la influencia de la gravedad que afectaría directamente sobre sus patas cortas; lo que apenas resulta en un mínimo esfuerzo para estos gigantes de los ríos. 

Se dice que los antepasados del hipopótamo fueron cien por ciento terrestres, llegando a ser considerados como presas fáciles para los carnívoros de la época. Esto los obligó a evolucionar —desarrollando un método de defensa—, utilizando el agua como un medio seguro de supervivencia, ante la imposibilidad de ser más rápidos en la carrera o por no tener la habilidad para trepar, etc. 

Definitivamente, al adoptar costumbres anfibias, les benefició para eludir a sus depredadores; además de favorecer al gigantismo, dadas las condiciones propicias, sumándole lo relacionado a la disminución de los efectos de la gravedad y al control de su temperatura. 

A consecuencia de su importante crecimiento, la piel del hipopótamo se volvió muy gruesa, al igual que sus desarrollados colmillos, los cuales sirven —aparte de sistema defensivo—, para los combates de definición de territorio entre individuos de la misma especie. 

Son expertos nadadores provistos de una piel resbaladiza y con membranas interdigitales entre los dedos de cada una de sus cilíndricas patas, las cuales lucen desproporcionadas en relación con el tamaño del cuerpo. Cuentan con ojos periscópicos y fosas nasales en la parte superior del hocico, las cuales se cierran herméticamente. Las orejas, pequeñas y móviles, están en lo alto de la cabeza. La conjunción de estos órganos permite al hipopótamo descansar sumergido en el agua, observando, oliendo y escuchando el posible ataque enemigo. 

Al menor rastro de peligro pueden sumergirse sigilosamente, permaneciendo en el fondo, en lapsos que van de los cinco a diez minutos. Todo gracias a lo complejo de su estructura biológica. Su gran tamaño les permite flotar en pantanos y son herbívoros por naturaleza. Por incongruente que parezca, los hipopótamos son ágiles en tierra firme, trotan y corren con habilidad, lo que los convierte en animales versátiles, al poder pasar de la tierra al agua y viceversa. 

Pueden llegar a medir poco más de cuatro metros y alcanzar una altura hasta la cruz, de metro y medio. El peso máximo es cercano a las tres toneladas, y pueden llegar a vivir un rango de entre cuarenta y cincuenta años; sin olvidar que son capaces de alcanzar una velocidad en tierra de hasta 30 kilómetros por hora.


"El conocimiento habla
y la sabiduría escucha"
(Jimi Hendrix, 1942-1970).