viernes, 1 de mayo de 2020

GRAN MANCHA ROJA: "Un poderoso huracán bajo la atmósfera de Júpiter. Cómo se formó es algo inexplicable, pero tenemos la certeza de su existencia gracias a las personalidades que, a través de los años, se encargaron de descubrirlo y darle el nombre con el cual lo conocemos".


LA GRAN MANCHA ROJA: EL HURACÁN DE JÚPITER

L
a naturaleza de los huracanes es la de un evento fuera de serie que no sólo se puede apreciar, ni es exclusivo de nuestro planeta. Sin duda, es algo que puede resultar un tanto fantasioso pero que resulta verídico, al conocerse la presencia de un poderoso huracán bajo la atmósfera de Júpiter.

Este huracán conocido como la “Gran Mancha Roja” (GMR), contaba con más de 40 mil kilómetros de longitud en su eje más largo y 12 mil kilómetros en su eje más corto, si lo consideramos en forma de elipse. La manera de cómo se formó es algo que no podemos explicar, pero tenemos la certeza de que existe, gracias a las personalidades que, a través de los años, se encargaron de descubrirlo y darle el nombre con el cual lo conocemos.

Fue en el año 1665 cuando el astrónomo italiano y naturalizado francés, Giovanni Domenico Cassini describió como una “mancha permanente” la que observó en el hemisferio sur de Júpiter, motivo por lo cual, se le da el crédito como el primer astrónomo que la vio.

Se tiene conocimiento que pasaron varios años para que la mancha fuera vista de nueva cuenta. En esa ocasión, el sobrino de Giovanni Cassini, el también astrónomo Giacomo Filippo Maraldi, fue quien tuvo la oportunidad de observarla en 1713. De forma asombrosa, a partir de ese año, no se cuenta con registros posteriores sobre el seguimiento de la Gran Mancha Roja. No fue hasta casi el final del primer tercio del siglo XIX, cuando en 1831, el astrónomo y naturalista alemán Samuel Heinrich Schwabe —que, al estudiar las manchas en el sol y estar en la búsqueda de un nuevo planeta (vulcano)—, plasmó en dibujos la mancha que observó en la atmósfera de Júpiter.

Ya en 1878, le fue dado el nombre como se le conoce a la fecha a esta gran tormenta de más de trescientos años de existencia, cuyo crédito corresponde al astrónomo estadounidense Carr W. Pritchett. La GMR está muy lejos de poder ser comparada con un huracán terrestre; primeramente, por su tamaño, el cual supera por mucho el diámetro de la Tierra y alcanza una velocidad del viento de hasta 600 kilómetros por hora, lo que convierte en insignificante a cualquier tormenta que conozcamos.

La Gran Mancha Roja está considerada como un “Anticiclón”, por tener en su centro una presión mucho más grande que en la periferia. Con el pasar del tiempo se ha reducido el tamaño, el cual ronda los quince mil  kilómetros de diámetro, a lo que no existe una explicación lógica al respecto.

Una de las preguntas que podemos hacernos, sería el porqué de una duración tan prolongada para una tormenta tan inmensa, teniendo como base lo que sucede en nuestro planeta. Pues ante tal interrogante, lo que queda como explicación sería que, a diferencia de Júpiter —el cual es un planeta gaseoso—, la Tierra cuenta con una superficie sólida que permite la fricción o rozamiento, por lo cual cuando un ciclón toca tierra, de forma casi instantánea pierde fuerza, lo que al cabo de unos días termina por disiparse por completo. Lo anterior no puede suceder en Júpiter, puesto que, al carecer de una superficie, la tormenta puede seguir alimentándose y creciendo por la falta de fricción.

Por este motivo es que el decremento de la GMR llama poderosamente la atención, ya que paulatinamente ha modificado su tamaño hasta llegar a calcularse una reducción de mil kilómetros por año, por lo que pudiera pensarse que, en un par de décadas más, podría llegar a su fin.


“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).