sábado, 9 de mayo de 2020

MARINEROS: "Dependiendo del tamaño de la embarcación era el número total de la tripulación, la cual oscilaba entre treinta y sesenta personas. Las carabelas menores tenían la misión del reconocimiento y descubierta, mientras que las más grandes, aprovechaban su tamaño para transportar un mayor volumen de carga".


MARINEROS: LA VIDA EN LAS CARABELAS 

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ara llevar a cabo el “Descubrimiento de América”, —mismo que se diera de forma accidental, por parte del navegante Cristóbal Colón y de las tripulaciones de las tres carabelas a su mando—, se debieron de llevar acciones necesarias y básicas para sortear la travesía de muchos días en alta mar. 

La vida de los marineros estuvo marcada por las características de los navíos, en donde el peso de estos obligaba a que la tripulación no fuera numerosa. Por tal motivo, los navegantes debían cumplir múltiples tareas de forma específica y disciplinada. Todo sujeto al mando de su capitán, de quien dependía la autoridad y el éxito de la empresa. Como segundo jefe de a bordo estaba el maestre y, el tercero, el piloto; además de suboficiales como el contramaestre, el despensero y el alguacil. 

Como parte de la tripulación, independientemente de los marinos y grumetes, se encontraban hombres especializados en distintos oficios, por ejemplo: carpinteros, calafates, toneleros, curandero —fungiendo como médico y barbero—, traductores, escribanos, artilleros, etc. 

A Colón lo acompañaba un traductor que, como segunda lengua, hablaba el árabe, cosa que vieron útil por dirigirse rumbo a las Indias; pero al desviarse hacia el Nuevo Mundo, de nada les sirvió. 

Dependiendo del tamaño de la embarcación era el número total de la tripulación, la cual oscilaba entre treinta y sesenta personas. Las carabelas menores tenían la misión del reconocimiento y descubierta, mientras que las más grandes, aprovechaban su tamaño para transportar un mayor volumen de carga. 

El trabajo del personal se desarrollaba en función del servicio y de las guardias. Debido a esto, el tiempo era un factor importante para los relevos, los cuales se medían de acuerdo con lapsos de cuatro horas, medidos por un reloj de arena que tardaba en vaciar de una ampolleta a otra, un tiempo de treinta minutos; es decir, cada relevo sería de ocho vueltas del instrumento. 

Las horas de cambio de turno se ajustaban a las tres, siete, once, quince, diecinueve y veintitrés horas. Las comidas se realizaban a las horas de relevo, en dos turnos: uno para la guardia entrante y otro para la saliente. Los relevos también se aplicaban para los tres oficiales al mando (capitán, maestre y piloto), quienes tenían que realizar dos turnos al día. 

Una vida monótona se llegaba a presentar mientras las condiciones de la expedición fueran favorables; a no ser que las circunstancias se tornaran adversas, entonces mantenerse a flote se convertía en una auténtica hazaña. Dependiendo de la duración, grado de peligrosidad del viaje y del éxito obtenido, sería la remuneración obtenida por el personal de a bordo. 

El sistema de retribución más común fue el de participación en los beneficios. Al regreso de la expedición, después de haber cubierto los gastos correspondientes, se repartían los beneficios entre la tripulación y el financiador de la empresa. Entre los tripulantes se distribuía de acuerdo con el cargo desempeñado o, en su defecto, contaban con un sueldo fijo, el cual era elevado, evitando cualquier tipo de desavenencia. 

Por último, como compensación, la tripulación tenía la libertad de comerciar con determinadas pequeñas mercancías por su cuenta, para su beneficio. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).