lunes, 29 de junio de 2020

APICULTURA: "En siglos anteriores a nuestra era, la crianza de abejas era ya algo conocido, como ha quedado registrado en papiros y en grabados sobre piedra. En la ciudad de Nimrud un antiguo bajorrelieve muestra al dios Assov, quien porta en sus manos una cesta con polen".

Fuente de la imagen: Pixabay.

APICULTURA: DULCE RECOLECCIÓN 

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a crianza de animales fue una de las principales revoluciones de la antigüedad. El hombre pronto se percató que no sólo podía domesticar a criaturas de gran tamaño para su beneficio, sino también a los insectos. Con esto tendría lugar el surgimiento de la apicultura y, más tarde, el de la meliponicultura; las cuales consisten en el cuidado de las abejas a fin de obtener de ellas la miel para consumo humano. 

La apicultura y la meliponicultura se diferencian por el tipo de abejas a domesticar. En el caso de la segunda, distintas especies son empleadas para el proceso de producción de la miel, de acuerdo con la ubicación geográfica, destacándose las zonas tropicales, como es el caso de Centroamérica. Por su parte, el número de especies para la apicultura es, por mucho, más reducido, siendo pertenecientes al género “Apis”, de donde su nombre procede. 

La meliponicultura recibe su nombre por los meliponinos, también conocidos como “abejas sin aguijón”, cuyas especies, al ser abundantes —incluso sobrepasando las quinientas—, han hecho de esta actividad una práctica diversa, en cuanto a su método y aplicación. 

En los siglos anteriores a nuestra era, la crianza de abejas era ya algo conocido, como ha quedado registrado en papiros y en grabados sobre piedra, como es el caso de las Cuevas de la Araña en España, donde se puede apreciar al “Hombre de Bicorp” intentando obtener la miel de estos insectos. 

La apicultura pastoril (también llamada “apicultura nómada”) fue practicada por los egipcios, quienes trasladaban las colmenas de abejas a través del río Nilo en busca de flores y plantas idóneas para el proceso de producción, con el objetivo de retornar con vasijas llenas de miel. 

En la ciudad de Nimrud —situada en la actual Irak y fundada por el rey Salmanasar I— fueron descubiertos los restos de un antiguo bajorrelieve que muestra al dios Assov, asociado con la agricultura y con la polinización, quien porta en sus manos, lo que parece ser, una cesta con polen. Al respecto, se ha dicho que Mesopotamia contaba con la habilidad de controlar a los enjambres de abejas, mediante la emisión de sonidos en determinadas frecuencias, provocando que los insectos se desplazaran de un punto a otro. 

Pero la crianza de abejas no se usó únicamente para fines gastronómicos. Durante el enfrentamiento bélico de los dacios contra Roma, a inicios del siglo II, los primeros, a fin de repeler el avance del enemigo, emplearon colmenas para lanzarlas contra los soldados romanos, mismas que, al impactar, desataba el furor de dichos insectos. 

La estrategia del uso de colmenas como proyectiles no se limitó a la tierra, ya que, durante las contiendas en altamar, se diseñaron métodos para atacar a los barcos enemigos mediante catapultas. Asimismo, la miel venenosa fue otra alternativa en la guerra, toda vez que dicha sustancia provocaba intoxicación a quien le ingería, como dejó constancia el historiador griego, Jenofonte, en su célebre “Anábasis”. 

Como dato de interés, la Regla de Farrar establece que, a medida que una población de abejas aumenta, la producción individual por cada miembro de la colmena también incrementará. Y es que, a mayor número de abejas obreras, mayor productividad. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).