martes, 30 de junio de 2020

CONFUCIO: "Sólo un individuo culto, virtuoso e inteligente era digno de conducir la vida de un pueblo, desechando la idea, de que forzosamente debía proceder de un noble linaje. A esto habría que sumarle la intuición y la sabiduría para reinar, por lo que la educación era la base para obtener las demás virtudes".


CONFUCIO: LAS BASES DE LA CHINA IMPERIAL 

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ung Fu Tse, conocido en el mundo occidental como Confucio, fue un hombre que marcó una gran influencia dentro de la historia de China. Su nombre se traduce como “Maestro Kung” y, cabe resaltar, que jamás pretendió fundar religión alguna, puesto que él siempre se consideró un filósofo, un político y un maestro. 

Confucio vivió alrededor del año 551 al 479 a. de C. De su vida, tal cual, se sabe muy poco, ya que la mayoría de las anécdotas sobre este personaje giran alrededor de fábulas y leyendas. Se dice que descendía de una familia noble, la cual decayó, no siendo impedimento para destacarse, gracias a su notable inteligencia; a tal grado, de llegar a ser considerado uno de los sabios más grandes que jamás ha existido en China. 

Fue un político nato, que atravesó por períodos de inconsistencia en el gobierno. El Emperador no fungía el poder de hecho, siendo la nobleza la que realmente dirigía y controlaba la administración imperial. Las constantes conflagraciones, no hicieron sino arruinar más al pueblo chino, a costa de su empobrecimiento intencional a fin de financiarlas. Ante tal escenario, Confucio se propuso intentar sanear el estado imperante, ya que él conocía la situación de primera mano, puesto que padecía la misma condición. 

Determinó que la única solución consistía en una política y en un gobierno diferentes, bajo una nueva concepción doctrinal. El Emperador debía anteponer el bienestar de su pueblo, antes que preocuparse sólo por sí mismo; los impuestos debían ser reducidos y, los castigos inhumanos, abolidos, pues “donde hay paz habrá felicidad”. Estaba consciente de que no podía contar con el apoyo de las altas esferas y, mucho menos, al estar de por medio poderosos intereses. Ante esto, se resolvió a reunir discípulos, con el objetivo de transmitirles su pensamiento, a la vez de continuar ascendiendo en el estatus político, a fin de poner en marcha su filosofía algún día. 

Al sentir sus ideas como una amenaza, los poderosos le ofrecieron títulos que habrían implicado que abandonara su misión. Toda esta clase de nombramientos fue rechazada por Confucio, y se resolvió a viajar por toda China durante más de diez años, a fin de encontrar a un soberano que quisiera aceptar la nueva filosofía política. Algo que desafortunadamente jamás ocurrió. 

Su doctrina partía del derecho y del deber de cada persona, quien, en razón de su libertad, debía ser capaz de asumir tanto sus propias decisiones como la responsabilidad de sus actos. La sinceridad era primordial en el ser humano, sin importar su estatus social, desde el más humilde campesino hasta el más alto jerarca. Para Confucio, la pobreza no era una barrera para llegar a él, bastaba la inteligencia; cosa que incomodaba a los aristócratas, los cuales, con su forma de pensar, consideraban que el conocimiento y las artes era algo reservado para ellos. 

Para el filósofo, sólo un individuo culto, virtuoso e inteligente era digno de conducir la vida de un pueblo, desechando la idea, de que forzosamente debía proceder de un noble linaje. A esto habría que sumarle la intuición y la sabiduría para reinar, por lo que la educación era la base para obtener las demás virtudes. 

Años después de su muerte, su filosofía daría fruto. China estableció su sistema de gobierno en los ideales de Confucio, donde el Emperador en turno era el mejor, al igual que sus ministros, en quienes delegaba el gobierno real del Estado, no importando su cuna de origen. En conclusión, el maestro Kung inspiró la política china durante los siglos venideros. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).