miércoles, 8 de julio de 2020

NEGOCIO FAMILIAR: "El dinero no siempre es el principal protagonista en una empresa familiar. Las sabias decisiones, un buen criterio, los adecuados conocimientos, así como una mente madura, son indispensables para el éxito por largos años".

Fuente de la imagen: Pixabay.

NEGOCIO FAMILIAR: UNA SABIA DIRECCIÓN 

U

n importante porcentaje del total de las empresas es de índole familiar, lo que quiere decir, que gran parte de la población depende de estas fuentes de trabajo. No obstante, el promedio de duración de estas personas morales no suele, por desgracia, trascender a través del tiempo. Se registra que su duración oscila entre los 20 y 25 años solamente. 

Es común no contar con la experiencia suficiente cuando se busca iniciar un negocio, y más, cuando esto se traduce en retos nuevos. Lo lamentable del caso es cuando, en él, se ha invertido no sólo dinero, sino esfuerzos, privaciones y expectativas. Es por ello, que es necesario tener un panorama claro respecto de aquellas circunstancias, que pueden llevar a su término a una empresa familiar. 

Ante todo, es necesario aprender a marcar las directrices. Es natural que cada persona visualice, de distinta manera, el rumbo que debe tomar un proyecto, y más, tratándose de los negocios. Los hijos suelen, muchas veces, desviarse de las ideas originales, en un intento por adecuarlas a los tiempos modernos con nuevas estrategias de mercado. Sin embargo, puede que las decisiones adoptadas no resulten, finalmente, siendo las más adecuadas, aunado a la carencia de voluntad de éxito de sus antecesores. Una combinación que termina resultando contraproducente. 

En segundo lugar, se encuentra la diferenciación de rubros. No debe confundirse “la amistad con el negocio”. Esto implica que, cada miembro de la empresa, recibirá proporcionalmente en la medida en que aporte. Puede que el hermano menor sea el gerente de una empresa, lo que implicaría la subordinación de su padre en el ámbito laboral. Esto incluye, disciplina y responsabilidad en el trabajo. 

La elección del sucesor no es algo que deba ser definido, se insiste, por su jerarquía dentro de la familia. Es necesario que las capacidades, conocimientos y aptitudes sean tomados en cuenta a detalle, a fin de elegir al mejor de los candidatos. Asimismo, es recomendable no someterlo a votación, en el sentido estricto de la palabra, por mero favoritismo, sino anteponer siempre las cualidades de liderazgo. 

Las virtudes no son algo de las que debamos prescindir. Hablando de aquellas empresas que han logrado perdurar por más de dos generaciones, no es raro percatarse del criterio abismal entre cada una. Por lo general, los fundadores son los que debieron sufrir penurias, incertidumbre y, hasta a veces, desánimo ante la falta de resultados inmediatos. Los hijos y nietos, al carecer de aquellas amargas experiencias, casi siempre subestiman la vida, no concediendo valor a la tenacidad, lealtad, disciplina, voluntad, humildad, laboriosidad y fortaleza. La ausencia de estas virtudes, muchas veces, supone un riesgo de bancarrota. 

En último lugar se encuentran los conflictos. Es necesario evitar los malentendidos laborales, pensando que nos encontramos en casa y que, por tal motivo, pasarán de largo. Desde luego que, tanto en uno como en otro caso, el diálogo y la claridad siempre serán lo primordial, pues no hay nada mejor que un ambiente de plena armonía, en la medida posible. 

En conclusión, el dinero no siempre es el principal protagonista en una empresa familiar. Las sabias decisiones, un buen criterio, los adecuados conocimientos, así como una mente madura, son indispensables para el éxito por largos años. 

 

“El conocimiento habla
y la sabiduría escucha”
(Jimi Hendrix, 1942-1970).